La semana pasada me encontraba enfrascado en la composición de un libro cuya familia tipográfica para el cuerpo de texto venía definida por la editorial, a saber: Adobe Garamond Pro. Cuando una tipografía lleva el pro como apellido, suele ser indicativo de que su juego de caracteres es amplio y da para componer palabras y signos poco convencionales. Los ejemplos clásicos son letras griegas, cirílicas, símbolos matemáticos, etc.
También suelen incluir un juego completo de versalitas. Si estás leyendo esto ya sabes lo que son las versalitas (¡o deberías!).
La Adobe Garamond Pro es una exquisita interpretación del clásico diseñada por Robert Slimbach para Adobe. Luce preciosa en párrafos extensos y es muy agradecida de componer. Eso significa, bajándolo al ámbito mundano, que se deja hacer perrerías y no protesta demasiado.
Vuelvo al libro del que te hablaba al comienzo. Todo iba bien hasta que en una nota al pie aparece referenciada una obra cuyo título incluía un siglo XX escrito en cursivas. Los números romanos de los siglos se componen en cursivas por convención. Tras una primera inspección, mis sospechas se materializan: La Adobe Garamond Pro no tiene versalitas cursivas. ¡Arggghh! ¿Qué hacemos ahora? Mi infiel amigo de composición, Adobe InDesign, permite falsear las versalitas reduciendo la escala de las versales (las mayúsculas de toda la vida). Pero, como todo lo falso, cuando lo miras de cerca atentamente… canta. Y ese cante puede ser discreto, casi imperceptible… o el Orfeón Donostiarra.
Qué bueno es tener amigos que te echen una mano cuando lo necesitas. En este caso el amigo se llama Premier Garamond, que amablemente me prestó sus versalitas cursivas para salir del lance con dignidad.
Moraleja: no todo lo que dice ser pro es tan pro como debería… seguro que tú también tienes ejemplos de esto que te hablo. Estaré encantado de leerte si los quieres compartir.